Jalalo está preocupado. Su esposa ha traído a sus dos hijos mellizos de un año al centro de estabilización de MSF en Shashemene, en la región de Oromia al sur de Etiopía, porque padecen desnutrición, pero sus otros 10 hijos están en casa sin nada que llevarse a la boca. “Solía trabajar en las granjas”, explica, “pero este año no ha llovido y por lo tanto hay muy poco trabajo. Algunos días comemos, pero la mayor parte del tiempo nos vamos a la cama con el estómago vacío”.